Una economía basada en derechos: En tiempos críticos, una hoja de ruta para la acción

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Lee el reporte completo 'Una economía basada en derechos: Las personas y el planeta primero' aquí

Tenemos que contar una nueva historia sobre la economía. Sobre cómo la desigualdad es una elección, no algo inevitable. Sobre cómo es posible el cambio. Sobre cómo podemos hacernos cargo de los legados de la explotación histórica. Sobre cómo la sociedad civil puede generar poder colectivo a través de los movimientos. Sobre las herramientas, ideas y alianzas que necesitamos para hacerlo.

A fines del año pasado, como parte de nuestro esfuerzo por contar esta nueva historia, CESR publicó: Una economía basada en derechos: Las personas y el planeta primero, con nuestros socios de Christian Aid.

Hoy, compartimos este breve video que resume algunas de nuestras ideas sobre la economía basada en derechos. Queremos estimular el diálogo sobre las economías que necesitamos y cómo podemos utilizar los derechos humanos para lograrlas.     

 

Video producido por Progressive Mastery      
 

Durante mucho tiempo, nos han dicho que la mejor manera de garantizar el derecho de todos a vivir con dignidad es priorizar el crecimiento económico. La eficiencia del mercado asegurará que los recursos "lleguen" a los necesitados, supuestamente. Esto  ha dado a los gobiernos, corporaciones e instituciones financieras internacionales un pase libre para esencialmente hacer de las decisiones de política económica una “zona libre de derechos”.


Hay evidencia abrumadora que demuestra que esa historia es ficción. A pesar del crecimiento casi constante en las últimas décadas, aproximadamente la mitad de la humanidad sigue viviendo en la pobreza (subsistiendo con menos de 5,50 dólares al día). Al mismo tiempo, las diez personas más ricas de Estados Unidos poseen colectivamente 853.000 millones de dólares, lo suficiente para acabar con la pobreza extrema varias veces. El hambre mundial ha aumentado en lugar de disminuir en los últimos años. El racismo, el sexismo y otras formas de discriminación aún siguen fuera de control y se reflejan claramente en los impactos dispares de la pandemia de COVID-19, así como en las disparidades de ingresos y riqueza. Mientras tanto, nos dirigimos a toda velocidad hacia la catástrofe climática.

Pero hay otra historia que podemos contar. Los derechos humanos son un marco de justicia ampliamente reconocido. Establecen una serie de protecciones y derechos que garantizan a todos las condiciones esenciales para la dignidad, la libertad, la seguridad y el bienestar. Transformar nuestro sistema económico para priorizar los derechos humanos significa cambiar la vida diaria de millones de personas. Atención médica, educación, agua potable, un techo: estas cosas son derechos que se deben garantizar a todos, no lujos ni privilegios.

Además, la forma en que se distribuyen los recursos, dentro de los países y entre ellos, es fundamental para garantizar los derechos de las personas. Fundamentalmente, no hay derechos sin recursos para hacerlos realidad. Estos recursos sí existen; sólo se concentran en manos de unos pocos privilegiados.

Por eso estamos haciendo este trabajo en torno a una economía basada en derechos, que está en el corazón de nuestra nueva estrategia. A lo largo de los años, hemos realizado mucho trabajo preparatorio para explorar esta cuestión. Pero tenemos más trabajo que hacer colectivamente para elaborar la historia completa.

Sin abordar las grandes preguntas de cómo la concentración vertiginosa del poder económico crea desigualdades cada vez más profundas, el proyecto de derechos humanos está destinado al fracaso. Nuestras victorias ocasionales pueden ser importantes. Pero los problemas que abordamos se repetirán una y otra vez.

Nuestro objetivo no es desplazar las visiones transformadoras actualmente existentes de alternativas al capitalismo neoliberal. La transición justa, el nuevo pacto global verde, el buen vivir, las economías feministas… la economía basada en derechos se sustenta en estas visiones, las enriquece, y viceversa. Por eso, estamos decididos a hacer de este un esfuerzo de colaboración: a medida que desarrollamos este plan, debemos aprender de las economistas feministas, activistas indígenas, sindicalistas, defensores de la justicia ambiental y muchas otras y otros.


¿Qué viene ahora? El informe y el video comparten nuestra visión inicial. Pero hay mucho más por explorar. ¡Y queremos que nos ayudes! Durante el próximo año, estaremos construyendo un plan más completo para una economía basada en derechos. Haremos esto en colaboración con socios y aliados de todo el mundo. En el proceso, queremos forjar alianzas más amplias con movimientos aliados, conectar los puntos entre las diferentes luchas redistributivas y trabajar con otros para tejer una narrativa coherente en torno a ellas. Organizaremos algunas conversaciones y otras actividades con este fin. Únete a nuestra lista de correo y síguenos en Twitter si deseas mantenerte informado.

Si te gusta el video, compártelo en las redes sociales usando el hashtag #RightsBasedEconomy. Y si quieres ser parte de este viaje, ¡ponte en contacto